Desaprender y Aprender
- MOKA

- 7 abr
- 2 Min. de lectura
A veces parece que sostiene entre las manos algo que nunca tuvo, un cariño que no exige ni castiga. Pero en lugar de reconocerlo, lo mira con la desconfianza de quien aprendió demasiado pronto que el amor también puede doler. Y entonces, sin darse cuenta, aprieta demasiado fuerte, como quien teme que le arrebaten lo que apenas empieza a sentir suyo. No porque no lo necesite, sino porque nunca le enseñaron a cuidarlo.
Así, el corazón que por fin encontró un hogar termina tratando de defenderse… incluso de aquello que más podría sanarlo.
La soledad, cuando acompaña durante tanto tiempo, termina volviéndose un idioma familiar. Se convierte en un patrón silencioso, una forma de habitar el mundo donde el corazón aprende a caminar solo.
Y a veces, cuando el amor finalmente llega, no se reconoce como refugio, sino como algo extraño que despierta miedo.
Porque el amor también tiene un punto frágil. Llega un momento en que, en un simple cerrar de ojos, todo puede irse.
Y cuando eso ocurre, a veces no solo se pierde el presente. También se despierta un eco antiguo, como si de pronto la vida te regresara a algún rincón donde, otra vez, te quedaste solo. Ese lugar emocional al que uno vuelve cuando repite las mismas heridas que nunca aprendió a sanar. Y entonces toca empezar de nuevo, desde cero, intentando entender por qué aquello que tanto necesitabas terminó rompiéndose en tus propias manos.
Pero también existen momentos en los que la vida ofrece una oportunidad distinta. Momentos en los que vale la pena detenerse y aprender a abrir la puerta en lugar de levantar más muros. A dejar que el amor entre sin pelear.
Sobre todo cuando ese amor viene de alguien que intenta sostener, comprender y permanecer, sino también de unos ojos pequeños que apenas empiezan a descubrir el mundo y que te miran con una admiración casi sagrada, porque cuando eres la adoración de alguien que apenas comienza a vivir, el amor deja de ser solo un regalo se vuelve también una responsabilidad delicada, una oportunidad de romper viejos ciclos y de aprender, quizás por primera vez, a cuidar lo que siempre te hizo falta.






Comentarios